Juan Lago y Abel Fuentes entrevistaron en exclusiva para THE LOGICAL WEB al músico y productor andaluz Ricardo Texidó, fundador, compositor y alma de la mítica banda española Danza Invisible, que es un confeso admirador de Supertramp.


TLW: Naciste en Córdoba allá por 1963... ¿Qué te llevó a trasladarte a Málaga, donde fundaste Danza Invisible en 1981?

RICARDO: Pues nací en Córdoba porque mis padres vivían ahí. Mi padre era de Barcelona y mi madre de Sevilla, y nos mudamos a Málaga cuando yo tenía 7 años, en 1970. Tras aprender a tocar la guitarra y cantar canciones de los Beatles, Simon & Garfunkel y Cat Stevens, empecé a juntarme con amigos que tenían también inquietudes musicales. Con 15 años formé parte de un grupo que se llamaba Éxodo y hacíamos un sonido cercano al ‘rock progresivo’. Yo ya escuchaba a Genesis, Supertramp, Queen y bandas así. Pero el grupo Danza Invisible lo fundo y le doy nombre en el verano de 1981, junto a los otros miembros, en un local de ensayo que había en el sótano de un bar de Torremolinos llamado “El Capote”. Así que el grupo realmente es originario de Torremolinos, y en su formato original éramos un trio, siendo yo voz principal y baterista. Torremolinos ya era por entonces una ciudad mucho más moderna, cosmopolita y abierta que algunos barrios de Málaga de aquella época.

TLW: Entonces, inicialmente Danza Invisible era un trío...

RICARDO: Sí, lo fundamos como un trío, en el que yo cantaba y tocaba batería, Chris Navas el bajo y Manolo Rubio la guitarra. Todavía no estaban ni Javier Ojeda ni Antonio Gil. Y, como trío al más puro estilo The Jam o The Police, grabamos el primer single y la primera canción de Danza Invisible como grupo, un tema escrito por mí que se llamaba “Tinieblas en negro” y puede encontrarse en YouTube. De esto puede dar fe Jesús Ordovás, que en la primera entrevista me preguntó por el título de la canción, pues a él le parecía demasiado tétrico (RISAS). Le expliqué la historia de la letra, que venía de un viaje en autobús, cuando la atmósfera alrededor, creo recordar que cerca de Despeñaperros, estaba entre nieblas por el bosque, ya con cierta oscuridad de la tarde y de repente entramos en un túnel: “Tinieblas en negro”.

TLW: ¿Eres autodidacta o estudiaste algo relacionado con la música? ¿Cuándo y cómo empezaste a tocar la batería? ¿Qué otros instrumentos aprendiste a tocar por entonces?

RICARDO: Soy un poco de todo... Aprendiz de todo, maestro de nada (RISAS). Canto desde niño porque tengo oído y siempre me ha gustado cantar. Con 12 años convencí a mi padre para que me comprara una guitarra española, y en la escuela daba solfeo y canto. A los 14 años aprendí guitarra española de manera autodidacta con un libro de acordes que me servía lo suficiente para poder hacer mis propias canciones, a las cuales les escribía también una letra más o menos poética en español. Poco después empecé a tocar el órgano que compró mi padre, un órgano italiano de la marca Bontempi. Y la batería fue el instrumento con el que empecé más tarde, creo que sobre los 17 años, y lo hice porque no encontrábamos un batería en condiciones que tocara al estilo que queríamos por aquella época mi amigo Mickey y yo, ya que queríamos sonar al estilo ‘punk’ y ‘new wave’. Al final me quedé en la batería, pero también haciendo canciones, escribiendo letras y dirigiendo los ensayos, y esa fue mi función a partir de fundar Danza Invisible.

TLW: ¿Cuáles fueron tus principales influencias musicales durante tu infancia y tu adolescencia?

RICARDO: Debo decir que soy melómano y aficionado a la música desde muy niño. En mi casa tuve la influencia de mi padre, que escuchaba música clásica y ‘jazz’. Por otro lado, mi tía Margarita, de Córdoba, trabajaba en “La Voz de Andalucía” y me enviaba o me llevaba singles que tenían repetidos en la emisora. Así que me fui haciendo con una colección de música bastante variada, y de todo aprendí algo. Luego, claro, fui comprando mis propios discos, y algunos de los primeros fueron de Genesis, Queen, Supertramp... La vida iba muy rápido en aquellos años de adolescente, y de repente me llegó la influencia británica del ‘punk’ y la ‘new wave’, y digamos que aparqué un poco todos los sonidos más ‘progresivos’, los cuales volví a recuperar al cabo del tiempo.

TLW: Aparte de Supertramp y esos otros grupos que has mencionado como Genesis o Queen, ¿qué otra música de los 70 era la que más te llamaba la atención?

RICARDO: Me acuerdo de que en aquella época también me gustaban mucho Yes, Pink Floyd, Emerson, Lake & Palmer, Frank Zappa... Y también otros músicos que eran considerados virtuosos, como Billy Cobham, Stanley Clarke, Weather Report, etc.

TLW: ¿Qué opinión te merece Bob Siebenberg, el legendario batería de Supertramp?

RICARDO: La verdad es que siempre he visto a Supertramp como una unidad musical, donde todos cumplen la labor exacta para cada canción. El baterista de Supertramp me parece excelente, y lo que destacaría sobre lo demás es que respeta totalmente lo que es la canción, haya sido compuesta por Rick Davies o por Roger Hodgson. 

TLW: ¿Cuál es tu disco favorito de Supertramp?

RICARDO: Lo cierto es que, en el caso de Supertramp, hay discos completos que me parecen una verdadera obra maestra, desde el primer tema hasta el último. Así que quedarme solo con uno es bastante complicado, pero elegiría “Crime of the Century”, “Crisis? What Crisis?” y “Even in the Quietest Moments”, el que todo el mundo conoce como ‘el del piano’. Por otro lado, como cantante que soy, he aprendido mucho de las canciones de Supertramp, sobre todo de esos tres discos.

TLW: ¿Qué canciones destacarías de cada uno de esos álbumes?

RICARDO: De “Crime of the Century” posiblemente “Hide in Your Shell”, pues es una canción que me toca mucho la fibra. De “Crisis? What Crisis?” me quedo con “Another Man’s Woman” por el excelente trabajo pianístico y todo el desarrollo en las diferentes partes, solo cercano a los mejores momentos de los Beatles en el “Abbey Road”. Y, no sé por qué, de vez en cuando últimamente me viene mucho a la cabeza “Sister Moonshine” y la tarareo sin darme cuenta. Y de “Even in the Quietest Moments” destaco “From Now On” y “Fool’s Overture”, dos obras maestras de la música moderna.

TLW: No has mencionado el disco “Breakfast in America”, el más famoso de Supertramp...

RICARDO: He de reconocer que cuando salió “Breakfast In America” me gustaron algunas canciones, como “The Logical Song” y “Goodbye Stranger”, que son dos temazos, pero ya me estaba desligando un poco de la onda Supertramp y los grupos ‘sinfónicos’. Me atrapó el ‘punk’, la ‘new wave’ y todos esos sonidos que revolucionaron la música de 1977 a 1981.

TLW: ¿Recuerdas si había otros fans de Supertramp entre los componentes de Danza Invisible?

RICARDO: Creo que puedo asegurar que a ninguno de los otros componentes de Danza Invisible les gusta Supertramp, e incluso les tienen un poco de manía. A Chris no le gustaba nada ese estilo de música de los años 70, y a Javier y a Manolo tampoco les atraían especialmente los grupos que llamábamos ‘sinfónicos’ por aquella época. Es posible que Antonio, el guitarrista, que era un poco más mayor, hubiera escuchado algo de Supertramp, pero tampoco me comentó jamás nada al respecto.

TLW: ¿Hay alguna canción de Danza Invisible en la que aprecies claras influencias de Supertramp?

RICARDO: Yo soy como una esponja y he escuchado montones de tipos de música diferente, así que por supuesto habré cogido algo de las canciones de Supertramp, o de sus ritmos, o de sus arreglos musicales, y lo habré puesto en canciones de Danza Invisible, pero no recuerdo exactamente ninguna en concreto.

TLW: ¿Eres más de Supertramp sin Roger Hodgson o de Roger Hodgson en solitario?

RICARDO: Para eso soy bastante clásico. En la mayoría de las ocasiones me quedo con el grupo original antes que con los cantantes o solistas o músicos en solitario. Me quedo con Supertramp de todas todas, igual que me quedo con The Police o con The Jam o incluso con Genesis antes que con Phil Collins o con Peter Gabriel en solitario, y eso que Peter Gabriel me parece un verdadero genio. Y me quedo con los Beatles antes que con cualquiera de ellos en solitario. La física y la química que hay en los locales de ensayo cuando se empiezan a crear canciones y a darles forma es como una fusión nuclear en la que los miembros que realmente tienen importancia a nivel compositivo y musical crean una amalgama que solo se consigue con la mezcla de estos ingredientes, algo que no puede conseguir uno de esos componentes en solitario, ni siquiera con mejores músicos.

TLW: ¿Cuáles son los conciertos con los que más has disfrutado en tu vida como fan y como músico?

RICARDO: Pues Prince es una locura, un genio absoluto... Stevie Wonder es otro genio que no desafina ni queriendo.... James Brown sin duda es brutal y, como me encanta el ‘funk’, pues a bailar y a disfrutar del ‘groove’... Genesis y Supertramp fueron espectaculares... Y también he visto en “Rock-Ola” a Simple Minds (antes de su fama con “Don’t You Forget About Me”), Siouxsie & The Banshees, Echo & The Bunnymen, Oasis, Pulp, Suede, Madness... Y últimamente a Arcade Fire y Phoenix... ¡Incluso vi a Frank Zappa, Van Morrison y David Bowie e Madrid!

TLW: ¿Qué recuerdos tienes sobre la separación de Rick Davies y Roger Hodgson en 1983? ¿Cuál de ellos te parece mejor músico? 

RICARDO: La verdad es que yo ya estaba un poquito desconectado de Supertramp cuando eso ocurrió, pero los dos me parecen unos músicos geniales y complementarios. Claramente, a nivel de composición, son como los Lennon y McCartney de Supertramp. 

TLW: ¿Qué te parece que, a lo largo de más de 40 años, nunca fuesen capaces de volver a reunirse, algo que, tras la reciente muerte de Rick, ya no será posible?

RICARDO: Todas las bandas pasan por diferentes etapas, y algunas realmente son ineludibles porque los músicos suelen empezar en este mundo muy jóvenes, con 17 o 18 años, y van creciendo a nivel humano pero también a nivel musical, escuchando nuevos estilos y cambiando de gustos. Así que a veces es inevitable que un grupo no se mantenga fiel al sonido de sus primeros discos.

TLW: Danza Invisible pasó de tener un sonido relativamente ‘oscuro’ a otro mucho más ‘pop’ y comercial con el álbum “A tu alcance”, que incluía auténticos números 1 como “Sabor de amor”, “Reina del Caribe” o “A este lado de la carretera”, algo parecido a lo que le había ocurrido a Supertramp unos años antes con el disco “Breakfast in America” y sus cuatro ‘hits’... ¿Se te ocurren otros paralelismos entre las dos bandas?

RICARDO: Bueno, hay un paralelismo en cuanto a que cuando alcanzamos el cénit del éxito el grupo se va a desvaneciendo, yo me voy desvinculando del resto y ellos se van desvinculando de mí. Son cosas que pasan en la vida. La verdad es que yo ya llevaba algún tiempo con cierto desapego debido a que me parecía que el estilo y las formas que estaba tomando el grupo al que le di nombre ya no tenían casi nada que ver con mi idea original ni con mis sentimientos musicales. En un principio era yo un poco el que dirigía más el cotarro musical junto con Chris. Teníamos un concepto vanguardista y un poquito oscuro, pero también con un toque de baile al estilo británico de los 80. Después, la incorporación de Javier al grupo hizo que la banda tal vez tomara otros derroteros en los que todos nos embarcábamos pero a veces no nos gustaba el resultado al cien por cien. 

TLW: ¿Puedes contarnos un poco la historia de esas tres canciones de Danza Invisible que llevaron a la banda hasta lo más alto, al menos comercialmente hablando?

RICARDO: En el caso de “Sabor de amor”, yo compongo todos los acordes en mi casa, así como estrofa, puente, estribillo y arreglo de cuerda de la introducción. Llevo la idea local de ensayo, pero los guitarristas están ensayando otras cosas y convenzo a Javier para que salga fuera conmigo y enseñarle cómo va el tema. Entonces Javier saca una melodía de voz, así que esa parte es suya, pero sin mi base de acordes y sin mi estructura de la canción no habría existido todo lo demás. Después Javier me dice que se le va a llevar a Rodrigo Rosado, que por entonces escribía las letras, para que le hiciera una. Y Rodrigo sacó esa letra tan ‘erótico festiva’ y ‘culinaria’ con un toque edulcorado que a mí en principio no me hacía ni puñetera gracia, pero que al parecer la gente opina que es lo más. Tampoco es que me encantara la melodía del estribillo que sacó Javier, pues me suena un poco a anuncio de galletas (RISAS), pero al final el resultado a nivel comercial fue buenísimo. Y eso que estuvo a punto de no ser incluida en el LP.

TLW: ¿Por qué?

RICARDO: Porque tres miembros del grupo (Chris, Manolo y Antonio) no querían meterla en el disco y decían que como mucho debía ser la cara B de un single. A pesar de que la letra no me volviera loco, yo pensaba que la canción era un ‘hit’ y podía dar muy buen resultado, así que llamé desde Manchester a Paco Martin, el productor ejecutivo y cazatalentos más importante e influyente de la industria musical española, que era el que ponía la pasta para que grabásemos allí, y le pedí que intercediera. Le comenté la jugada y él puso orden, diciendo que él era el que pagaba, que esa canción ya estaba grabada y que debía ser publicada la versión que él había escuchado. Así que Paco, Javier y yo decidimos que saliera en el disco y fuese uno de los singles del mismo. De no haber sido así, posiblemente “Sabor de amor” habría pasado sin pena ni gloria como cara B de otra canción y la carrera de Danza Invisible no habría llegado a tener el éxito y la trascendencia a nivel popular que llegó a tener. Nos guste o no, es la canción más importante de la historia del grupo.

TLW: ¿A qué se debía que tres miembros del grupo no quisieran incluir “Sabor de amor” en el álbum?

RICARDO: Pues a que la composición original era mía, sin que el guitarrista, el bajista y el guitarrista rítmico hubieran aportado ni una nota ni un acorde. Curiosamente, cuando en las entrevistas les preguntan a Javier o a Chris por “Sabor de amor”, dicen que salió de casualidad (RISAS) y omiten por completo mi autoría y el enorme trabajo que dio esa canción, no solo en su preparación sino también después en su grabación. Creo que una aportación fundamental y clave para la construcción y el éxito de “Sabor de amor” fue ese ritmo al estilo de los años 60, que está basado entre el “Be My Baby” de las Ronettes y el “Just Like Honey” de The Jesus & Mary Chain. También usé el truco, entre comillas, de trabajar el ritmo a medio tiempo en las estrofas y doblarlo en los estribillos, cosa que generalmente funciona bastante bien con algunas canciones. 

TLW: ¿Y que nos dices respecto a “Reina del Caribe”?

RICARDO: La idea original de “Reina del Caribe” en su base estructural es mía. Yo quería hacer una canción al estilo de algunos temas de The Police, en los que las estrofas tienen un ritmo ‘reggae’, a medio tiempo y con el estribillo subiendo, por ejemplo “So Lonely”. Pero al cantarla Javier con ese tono latino tan lírico, y con los arreglos de viento y percusiones al estilo de Fania All-Stars, se convirtió poco menos que un tema ‘pseudo caribeño’, llevando la canción hasta otros derroteros que no se correspondían con mi idea original. En este caso no tengo nada que ver con la letra, que me la vendió Javier como que era muy chula porque hablaba de una máquina de ‘pinball’, aunque a mí no me convencían ni el estribillo a nivel melódico ni tampoco la letra, que me parecía que se salía de mi concepto de Danza Invisible. Pero bueno, había que tragar. 

TLW: ¿Y “A este lado de la carretera”?

RICARDO: Se trata de una versión de Van Morrison que saqué yo en mi casa, con la guitarra y el tocadiscos, yendo adelante y atrás, acorde a acorde, a la vieja usanza, y apuntándolo todo en una libreta para llevarlo al local de ensayo, donde le imprimí un ritmo casi ‘soul’, bastante más enérgico y rápido que el de la pieza original. Creo que el resultado fue bueno y en directo ha sido siempre un pelotazo, con el público disfrutando a tope. La letra es también una adaptación que hizo Rodrigo Rosado para esta canción. 

TLW: ¿Ese toque comercial del álbum “A tu alcance” fue algo premeditado?

RICARDO: No, desde luego que no fue algo preparado, ni la compañía de discos nos pidió que hiciéramos algo así. Simplemente, en el disco “A tu alcance” fuimos probando estilos y formas diferentes de ‘pop rock’. Quiero dejar claro que ninguna discográfica, y en especial Paco Martin, jamás nos obligaron a hacer música comercial o de un estilo concreto, ni nada parecido. Por supuesto sí que analizaban las canciones que estábamos preparando para cada disco hasta encontrar algunas que pudieran tener cierta repercusión a nivel popular.

TLW: Irónicamente, ese triunfo a nivel comercial dio lugar a que aumentasen las discrepancias entre los miembros de ambos grupos, con la consiguiente ‘deserción’ de Roger Hodgson en el caso de Supertramp y la tuya en el de Danza Invisible... ¿Cuánto tuvo que ver ese enorme éxito en tu salida de la banda?

RICARDO: El éxito puede influir, pero lo que cuenta sobre todo son las relaciones personales y la falta de respeto. 

TLW: ¿Qué quieres decir?

RICARDO: Yo había escrito letras de canciones, como “Sin aliento”, “Tiempo de amor” (primer número 1 del grupo), “Al amanecer”, “Tu voz”, “Sueños de intimidad” y otras de la primerísima época, antes de que grabáramos el primer LP. Pedí que se respetaran mis porcentajes de derechos de autor sobre las canciones que yo había escrito, que no eran tantas, pero en ningún momento quisieron sentarse a hablar conmigo ni llegar a un acuerdo. Muchos años después, creo que ya en 1990 o 1991, Rodrigo Rosado dijo que quería los derechos de autor que le correspondían como letrista, y yo firmé como todos para darle su parte proporcional y justa por sus letras, pero comenté que también teníamos que discutir mi porcentaje por las letras que yo había escrito y que cobrábamos los cinco a partes iguales, como si las hubiéramos escrito a cinco manos. Pero no llegamos a ningún acuerdo, así que fui sintiéndome cada vez más perjudicado, tanto a nivel emocional como a nivel económico. A partir de ahí, y también por los derroteros que estaba tomando el grupo en cuanto a estilo musical, con canciones como “Catalina”, “La ruina”, “Bodegón” o “Amor de madre”, algo que no entraba en mis cálculos mentales, musicales ni emocionales, fue creciendo mi desapego y mi frustración con lo que había sido mi banda y mi grupo de ‘rock’.

TLW: En los primeros discos de Danza Invisible se te menciona como letrista de la banda, pero posteriormente en los créditos empieza a indicarse que todas las letras y arreglos se hacían de forma conjunta... ¿Hasta qué punto eras tú la fuerza motriz de la banda?

RICARDO: Al principio era yo quien cortaba el bacalao, escribiendo letras y sacando canciones en el local de ensayo junto a Chris y Manolo, y estableciendo la pauta en cuanto a estilo musical junto con Chris. Después fiché a Javier para que me supliera como voz principal, a pesar de todas las dificultades, ya que él no pensaba ser cantante ni dedicarse a la música de manera profesional, y además los otros no querían que cantara él porque no les gustaba su voz y preferían la mía. Así que a Javier lo metí yo con calzador, y convenciendo de manera muy insistente tanto a Javier para que viniese conmigo a nuestro local como al resto del grupo para que lo aceptasen. Al poco tiempo, creo que ya en el disco “Maratón”, propuse que escribiera las letras otro, ya que a mí no se me iba a reconocer como letrista a nivel de la Sociedad General de Autores, y ese fue Rodrigo Rosado. Empezó escribiendo letras que se acercaban un poco al concepto original, pero en mi opinión poco a poco la cosa se fue yendo de madre, con letras ya demasiado festivas o, digamos, populares. 

TLW: ¿Entonces esa falta de reconocimiento a la autoría de tus letras fue uno de los motivos que influyeron en la separación?

RICARDO: Así es. Una de las gotas que colmó el vaso fue que para el disco “Música de contrabando” escribí las canciones “Sin aliento” y “En guerra” de mi puño y letra, a solas en mi casa, pero después en los créditos del álbum solo aparece Rodrigo Rosado como único autor de los textos, algo que es absolutamente falso. Yo pedí que se mencionara que esos dos temas eran míos, y me contestaron que no era necesario porque yo ya aparecía como miembro del grupo. Por cierto, esto se lo comenté a Javier no hace mucho y me dijo que no se acordaba y que no se había dado cuenta de ello... Debe ser lo que se llama ‘memoria selectiva’ (RISAS).

TLW: Así que esa historia de las letras fue un punto de inflexión dentro de tu época en Danza Invisible...

RICARDO: Sí, eso me puso de muy mala leche y empecé a pensar en marcharme, pues me parecía una enorme injusticia que, no solo no se me recompensara económicamente mi labor como letrista, sino que además esta se invisibilizara en los créditos del disco. Pensé que era lo más ruin y despreciable que se le podía hacer a quien fundó la banda y la puso en el candelero, yendo a Madrid para dar a conocer al grupo con una cinta de casete y dedicando mi tiempo, mi esfuerzo y todo mi amor con el fin de que Danza Invisible tuviese un reconocimiento dentro de la ‘movida madrileña’ en 1981 y 1982. 

TLW: Las letras de algunas canciones míticas de Danza Invisible como “En celo”, “El club del alcohol” o “La mujer ideal” podrían ser consideradas hoy en día políticamente incorrectas... ¿Qué opinión te merece esa ‘cultura de la cancelación’ que parece tener cada vez más adeptos y cómo puede afectar al panorama de la música actual en el mundo y, particularmente, en España?

RICARDO: En aquella época no se tenía ese concepto, así que es como todo: si lo miras desde la perspectiva actual hacia el pasado, puede que algo no sea políticamente correcto. Pero bueno, si usamos ese punto de vista para algunas obras clásicas griegas o incluso la novela americana del siglo XX, por ejemplo Bukowski, pues habría que cancelarlo todo y quemar los libros, como se hacía en otras épocas...

TLW: ¿Has escuchado los discos que publicó Danza Invisible sin ti? ¿Qué opinas de ellos, en tu calidad de miembro fundador y parte esencial de su desarrollo y progresión como banda? 

RICARDO: La verdad es que no. Solo he escuchado en la radio la canción de “Por ahí se va el amor”. A partir de 1991 el grupo va decayendo, yo me marcho en el 1994 y ya no sigo en absoluto su trayectoria, pues me dedico a mis propios proyectos, a las distintas bandas que he ido formando y a hacer producción musical para otros grupos o proyectos. 

TLW: ¿Qué te parecen las interpretaciones de Trevor Murrell, que fue tu sustituto a la batería en Danza Invisible?

RICARDO: Después de mi marcha han tenido varios bateristas contratados, y Trevor es muy buen batería, por supuesto. Incluso mucho mejor que yo, lo cual tampoco es difícil (RISAS). Pero ni con mejores músicos ni con más músicos han conseguido tener un número 1 o alcanzar un disco de oro o de platino, como cuando yo estuve en la banda. Y poco a poco el grupo ha ido a menos, hasta quedarse sin compañía de discos y sin mánager. En los últimos años creo que es Javier quien ha tomado las riendas para sacar el grupo adelante, y que yo sepa ya están retirados desde hace algún tiempo. De hecho, en sus últimos conciertos de despedida, como casi en toda su trayectoria, han usado e interpretado mayoritariamente las canciones de la época en la que yo estaba en el grupo, porque dieciocho de las veinte canciones que tocaban eran de la ‘época Texidó’. Y Javier ahora sigue una carrera en solitario, pero tengo entendido que en sus actuaciones incluye sobre todo canciones de Danza Invisible.

TLW: ¿Nunca te has sentido un poco ‘traicionado’ por Javier, aquel amigo tuyo al que invitaste a unirse a Danza Invisible como cantante, a lo que él aceptó a regañadientes y sin embargo con el tiempo se quedaría al frente del grupo?

RICARDO: Ahora que lo dices, posiblemente podría sentirme algo traicionado, pero han pasado tantas cosas y tanto tiempo que no me planteo lo de la traición. Aunque sí es verdad que escribí una letra para una canción de mi grupo y proyecto actual, llamado A Ritual Play, que se titula “Traitors, Thieves and Bastards” (“Traidores, ladrones y bastardos”). Pero vamos, sin acritud (RISAS). Y, por cierto, quiero aclarar que jamás tuve celos de Javier, como creo que se comenta por ahí. Javier fue y es mi amigo, al que elegí (y no a otros) para ese puesto, y aunque con el tiempo no siguiéramos de la mano en gustos y directrices musicales para Danza Invisible y en lo personal, siempre he admirado su superación, su trabajo, y con los años su absoluta profesionalidad. Descubrí al soberbio cantante que escondía un cortado y espigado chaval del barrio de La Paz que iba a estudiar filología inglesa, no se planteaba en absoluto ser cantante y menos del que era mi grupo. Yo le convencí para que se uniera a mi sueño, pero el tiempo y su constancia hicieron el resto. ¡Celos nunca, envidia sí! Como cantante que soy, envidio esa portentosa voz que nunca desfallece. 

TLW: Ya que lo mencionas, ¿qué puedes contarnos sobre A Ritual Play, un proyecto muy personal con el que ya has publicado varios discos? ¿Qué tal está funcionando y cuáles son tus planes profesionales para el futuro?

RICARDO: A Ritual Play actualmente soy yo en solitario, grabando en mi estudio como multi instrumentista y productor. El primer disco de A Ritual Play lo hice con Fernando Lluva, que me envió por correo unas bases musicales y me dijo que le gustaba mucho cómo cantaba, pues me había escuchado en obras recientes, y así empezó esa colaboración. Fernando me iba enviando la música y yo sacaba la melodía de voz y la letra, además de estructurarlo todo para convertirlo en canción. El segundo disco de A Ritual Play se llama “Transformation One” y casi todo está tocado y cantado por mí, a excepción de algún piano de Charly Casan, unas segundas voces preciosas de Mac Macliu y los coros de un grupo de amigos de Liverpool, a los que llamo The Wirral Choir, en la canción que da título al disco. Mi plan es grabar “Transformation Two” y publicarlo en otoño del 2026. Ya dispongo de un buen puñado de canciones y solo tengo que ponerme a seleccionar cuáles quiero publicar realmente, para terminar los arreglos y las letras y hacer las mezclas. De momento no tengo banda en directo, pero si la tuviera sería la que fue la banda original tras la marcha de Fernando Lluva, con Jato Gómez a la batería, Charly Casan a los teclados y yo a la voz y la guitarra.

TLW: En 1989 publicaste “Texidó”, tu primer disco en solitario, y tras dejar Danza Invisible formaste Clannatura, aunque la banda no tuvo un largo recorrido y se disolvió poco después... ¿A qué otros trabajos musicales te dedicaste durante los siguientes años?

RICARDO: El disco “Texidó” fue casi simultáneo al éxito del álbum “A tu alcance” con “Reina del Caribe”, “Sabor de amor” y “A este lado de la carretera”. Lo hice como un trabajo paralelo, sin pensar en abandonar el grupo en un momento en el que estábamos en el cénit y empezábamos a ganar algo de dinero. Fue un trabajo muy interesante y una experiencia inolvidable. Preparé el disco junto a dos prestigiosos músicos: Richie Close, teclista, compositor y arreglista de Granada TV y de muchos grupos, incluido en la lista de Paisley Park de Prince; y Ollie Hallsal, guitarrista de Kevin Ayer. Lo grabé en Madrid con el gran Luis Fernández Soria. El single “Santiago” entró en “Los 40 Principales” y estuvo sonando durante tres meses a tope, pero mi empecinamiento por cantar en inglés hizo que el disco no tuviera tanta repercusión en España. Por supuesto, agradezco a Paco Martín que haya confiado en mí, tanto en el que fue mi proyecto Danza Invisible como en otros trabajos posteriores. He creado muchos grupos y proyectos, de los cuales he sido parte importante. Uno de ellos fue Clannatura, con el que sacamos un LP que incluía el tema “Colores”, el cual también estuvo sonando en “Los 40” y creo que incluso fue nombrado ‘disco rojo’.

TLW: Además de multi Instrumentista y cantante, eres compositor, arreglista y productor... ¿Cuál de todas esas tareas musicales destacarías por encima del resto?

RICARDO: Bueno, esta es una pregunta histórica, en el sentido de que tengo que rememorar mi vida, y pienso que cantar es casi lo que más me sale de forma natural. A partir de ahí empecé a desarrollar mi aprendizaje para poder componer canciones con un instrumento como la guitarra o el piano. Tal vez lo que más me gusta es trabajar en mi estudio a partir de la nada, e ir improvisando con el bajo o la guitarra o un sintetizador o el piano. Captar esa pequeña idea que me gusta e ir desarrollando el resto de los arreglos para convertirla en canción. La mayoría de las veces saco la música antes y, cuando ya tengo un esqueleto musical, entonces pruebo a cantar melodías. Lo último que suelo hacer es escribir las letras, pero en algunas ocasiones he escrito un texto que he desarrollado un poco con forma y métrica de canción, y después le he puesto música. Lo que más me gusta es hacer canciones y grabarlas. Y, por supuesto, después también me gusta mucho poder llegar a la gente con mis discos y mis canciones, a través de Spotify o de diferentes plataformas.

TLW: En 2021 se estrenó el documental “A este lado de la carretera”, un repaso a la trayectoria de Danza Invisible que cuenta con tu participación y la de los otros miembros del grupo... ¿Te parece una buena película? ¿Crees que está a la altura de lo que merecía la banda?

RICARDO: El documental está bien, entre comillas, aunque ‘extrañamente’ faltan muchas de mis declaraciones y datos primordiales que conté en la entrevista que me hicieron cuando ya estaba pergeñado el 95% del mismo. Expliqué con pelos y señales el origen y la creación del grupo y cómo saqué el nombre de Danza Invisible y se lo propuse a Chris y Manolo, algo que me parece transcendental, pero esa parte está capada y eliminada de mi entrevista.

TLW: Cuéntanos... ¿De dónde viene el nombre de la banda?

RICARDO: Lo de Danza Invisible viene de cinco palabras que busqué en un libro en mi casa y las llevé al local de ensayo para hacer cábalas con ellas: “Magia”, “Invisible”, “Ritual”, “Danza” y “Culto”. Después de varias pruebas, pensé que Danza Invisible era lo que mejor sonaba. Manolo no opinaba, y a Chris no le convencía del todo. Yo, usando la imaginación, hice una comparativa entre Danza Invisible y Spandau Ballet, y eso más o menos convenció a Chris, por lo cual en agosto de 1981 el trío ya se llamaba así. Pero Chris dice en entrevistas que el nombre es ‘de todos’, lo cual es absolutamente falso. A Manolo nunca se lo hubiera ocurrido un hombre así, a Chris ni las palabras que yo llevé ni la última propuesta (Danza Invisible) le hacían mucha gracia, y a ambos les sonaba raro. Supongo que algunas sustancias, de las cuales tanto se vanagloria Chris en el documental, le han afectado a la memoria. (RISAS)

TLW: ¿Algo más que comentar sobre el documental?

RICARDO: El documental omite el porqué de mi paulatino desapego, desafección y decepción con respecto al desarrollo del trabajo musical. También olvida mi aportación como letrista, arreglista, autor, compositor y responsable de la gestión artística y la disciplina que desarrollé con el ensayo diario que puse en el grupo que fundé. Tampoco me gusta que emitan un fragmento de mis declaraciones diciendo que pasamos de que el público gritara ‘¡Danza, Danza!’ a ‘¡Javi, Javi!’, como si fuese un ataque contra Javier. Solo me refería a que, cuando llega el éxito, suele convertirse al cantante en casi el único protagonista. Pero es normal, especialmente en España y cuando el público se feminiza.

TLW: ¿Han sacado de contexto algunas de tus declaraciones?

RICARDO: Se trata de un documental donde ya está hecho todo a medida de mis excompañeros, y prácticamente le dedican más tiempo a entrevistar a amigos de Javier y gente del entorno del grupo (algunos de ellos palmeros) que a mí como miembro fundador. Solo al final, como una especie de limosna, vienen los del documental y me hacen una serie de preguntas en una entrevista jugosa y repleta de hechos. Sin embargo, mis respuestas, algunas de las cuales eran claves e importantes, han sido censuradas, cortadas y no incluidas en el documental. Así que creo que se hizo al gusto y en beneficio de Javier, Chris, Antonio y Manolo, intentando, de manera muy sibilina, ponerme al principio como pieza fundamental para después ir convirtiéndome en una especie de ser maléfico, irascible y casi violento, cuando jamás hubo ninguna pelea física entre nosotros, cosa que sí ha ocurrido en cientos de grupos. 

TLW: En definitiva, no pareces muy contento respecto al trato que se te ha dado en el documental...

RICARDO: Lo que pasa es que el documental evita reconocer muchas cosas de mi labor crucial para que el grupo se creara como trío, para que comenzara su andadura, para que se formara en unos ensayos exhaustivos y para que llegáramos al éxito absoluto con una canción que sin mí música no habría existido. Mi proyección y dedicación a la banda fue desde su creación en julio o agosto de 1981 hasta el último disco en el que participé, que fue “Clima raro” (nuestro mal rollo, vamos), un disco que pasó sin pena ni gloria debido a que ya estaba la cosa muy tensa y la relación prácticamente se había roto. Esto quiero recalcarlo, porque tanto en los aniversarios como en algunas entrevistas se habla de que el origen del grupo se remonta a 1982. Este es otro hecho que me hace sospechar que lo hacen para intentar invisibilizar (nunca mejor dicho) y anular ese año 1981 crucial en el que mi aportación, mi determinación y mi empeño fraguaron toda la base para el posterior desarrollo de Danza Invisible.

TLW: ¿Crees que tus excompañeros tienen algo que ver en que, de algún modo, se te haya ninguneado en la historia de Danza Invisible?

RICARDO: Es que ellos, cuando el grupo ya estaba funcionando a nivel de ritmo espartano en el local de ensayo, de disciplina de trabajo, de aprender los mimbres para componer canciones, y de preparación de los conciertos para conseguir un sonido en directo que fue elegido como el mejor de los grupos de ‘pop’ español, repito, cuando todo eso ya estaba rodando, ellos decidieron que yo no debía ser ‘tan importante’ ni tener tanta preponderancia y visibilidad en entrevistas y en general en el trabajo del grupo. Esto se puede ver de manera flagrante en la entrevista que nos hizo Paloma Chamorro, en la cual, cuando me preguntó por mis letras y mi trabajo lírico para Danza Invisible, Chris saltó como un resorte para cortarme y decir que Javier también se iba a poner a escribir letras. Ahí se notaron muchísimo los celos que tenía Chris con respecto a mi visibilidad como miembro más importante que él o que los otros, que no escribían ni la O con un canuto (RISAS). Al darme cuenta de esto, más lo anteriormente comentado respecto al asunto de la autoría de mis letras, mi desapego fue ya casi absoluto, al margen de asistir a los ensayos y a los conciertos.

TLW: Entonces, la separación era inevitable... Tú te habías desapegado del grupo y el grupo se había desapegado de ti.

RICARDO: Sí, pero, como posdata y paradoja, en el documental se puede observar que Javier pone como excusa para expulsarme de la formación el hecho de que yo no me indigné porque una noche un teclista que tuvimos durante un tiempo, cuyo nombre omitiré, llegó borracho. Y yo simplemente me lo tomé como un avatar más del mundo del ‘rock’, pero según él eso fue la mayor evidencia de que yo pasaba totalmente del grupo. En cierta forma es verdad que tras “Catalina” ya no me implicaba tanto, pues ese disco tenía canciones que no me hacían gracia y me parecía que la banda estaba siguiendo una dirección que no me gustaba, aunque con buena intención de sonar al “Graceland” de Paul Simon o a David Byrne, de Talking Heads, en sus facetas más latinoamericanas. Así que, en cierta forma, el grupo que yo fundé y dirigí a nivel estilístico como de ‘new wave’, ‘postpunk’ o ‘new romantic’ se estaba convirtiendo en algo más banal, festivo y dicharachero. Y del álbum “Clima raro” prácticamente no recuerdo ninguna canción, como le debe ocurrir a la mayoría del público español. Lo más relevante de ese disco es que el gran fotógrafo Fin Costello nos hizo una sesión de fotos.

TLW: Danza Invisible se retiró de los escenarios en 2024 y actualmente es un grupo inactivo... ¿Sigues en contacto con tus antiguos compañeros? ¿Estarías dispuesto a volver a grabar algo o a salir de gira con ellos si se diesen las circunstancias oportunas?

RICARDO: Esa es la pregunta del millón. Yo creo que Javier y yo no tendríamos problemas en hacer algo juntos. Tampoco creo que hubiese problemas con Manolo o Antonio. El que me tiene manía persecutoria, celos y envidias, además de ser el artífice de que yo tuviese que abandonar el grupo, es Chris. Por lo tanto, sería impensable que él y yo hiciéramos algo juntos como Danza Invisible o como cualquier otra cosa. En la época de más tensiones jamás nos peleamos a gritos ni llegamos a las manos como muchas otras bandas, pero su actitud ruin y maquiavélica truncó en cierto modo la historia y el futuro de Danza Invisible.

TLW: Entonces puede decirse que el único miembro de Danza Invisible con el que no te ves trabajando de nuevo es Chris...

RICARDO: Sí, y también está el cinismo de su comentario en el documental al decir que me volví ‘pesetero’ (RISAS). En ningún momento he sido pesetero y, cuando años después llegaron los beneficios de los conciertos y del trabajo que hacíamos, siempre los repartimos entre los cinco. Pero en la primera época había un trabajo que hacía yo a solas en mi casa, que era escribir las letras, y después las llevaba al local de ensayo para que Javier se las aprendiera. Por un error de juventud y por un concepto ‘democrático’ mal entendido, en Autores esas letras aparecían como escritas por todos. Y cuando por fin me informé en la SGAE y con músicos como Santiago Auserón, Germán Coppini o incluso con gente de las discográficas, me enteré de que las letras y sus derechos deberían ser míos en todos los sentidos. Entonces les expliqué a mis compañeros que esos derechos de autor deberían ser míos y no de ellos, que no escribieron las letras. Por supuesto, lo intenté de buenas formas y propuse sentarnos para estudiar unos tantos por cientos lógicos con respecto a mi trabajo extra como letrista. Pero en todas las ocasiones se negaron en redondo y no quisieron hablar de nada, así que en cierta forma los ‘peseteros’, como dice Chris, son ellos ya que se quedan con mis derechos de autor. Por eso digo lo de su cinismo.

TLW: ¿Qué aficiones tienes al margen de la música? ¿A qué sueles dedicar tu tiempo cuando no estás componiendo ni tocando?

RICARDO: Al margen de la música, siempre me han gustado mucho la literatura y el cine. En especial la filosofía, la novela, el cine negro, la comedia americana y también la inglesa. Pero desde hace quince años a lo que me dedico plenamente es a mi hijo, que es lo que más quiero en el mundo y al que he cuidado y educado como padre soltero desde que nació, y a mi madre, que tiene 91 años y llevo cuidándola más de una década. Y me gusta andar por la montaña, montar en bicicleta, jugar al pádel y disfrutar de buenos momentos con mis amigos, tomando un aperitivo y unas tapas. Por supuesto, me gusta viajar y en los últimos seis años he ido mucho a Liverpool, ciudad que me encanta porque no es tan grande como Londres y encima es la cuna de los Beatles. ¡Incluso he actuado en el club “The Cavern”, cantando a la guitarra temas de los Beatles y de A Ritual Play! También he tocado la batería con una banda de ‘soul’ de allí. Tengo un buen grupo de amigos, en especial Ian White. Suelo quedarme en una zona que se llama Wirrall, desde donde cojo el ‘ferry’ para cruzar el río Mersey y llegar a mi amado Liverpool.

TLW: ¿Qué opinión te merece nuestro libro “Huellas de Vagabundo - La historia de Supertramp”? ¿Habías leído alguna otra biografía de la banda?

RICARDO: Sin duda, creo que es la biografía más extensa y detallada que ha caído en mis manos, no solo de Supertramp sino de cualquier otro grupo. Es un trabajo tan extenso como excelso y se lo recomiendo a todos los amantes de Supertramp y de la música en general. Muestra todos los entresijos de la banda, tanto a nivel histórico como humano. Y he de reconocer que todavía voy por la página 348 de las más de 700 que incluye el libro. ¡Obra magna! 

TLW: ¿Nunca has pensado en escribir un libro de memorias sobre tu carrera musical?

RICARDO: La verdad es que llevo dos años pergeñando la idea y desarrollándola a base de grabaciones, recordando con pelos y señales parte de mi historia, tanto de mi época anterior a Danza Invisible, como de la época gloriosa e inolvidable con el grupo y también de retales interesantes posteriores a esa época. Mis memorias se están fraguando a fuego lento, pero prometo que será algo muy nutritivo y sustancioso por las anécdotas e historias ‘invisibles’ que saldrán a la luz. Estoy trabajando codo a codo con un escritor de Madrid, también músico y buen conocedor del mundillo, y entre los dos esperamos tener terminada la obra para la primavera del 2027.

TLW: Pues quedamos atentos a la publicación de ese libro, que promete ser muy interesante... ¡Muchas gracias por tu tiempo!

RICARDO: ¡Un abrazo y un cordial saludo para vosotros y para todos vuestros visitantes!



Ricardo Texidó, posando con "Huellas de Vagabundo" en su estudio.


Durante su época en Danza Invisible, el primero por la izquierda.